El Presidente Gabriel Boric enfrenta una presión creciente en el sur de Chile, donde alcaldes y el gobernador del Biobío acusan abandono estatal tras los incendios. En un giro que evita el conflicto, Boric admitió públicamente que existe un «cuello de botella» en la instalación de viviendas de emergencia, reconociendo que las críticas de las autoridades locales «tienen razón». Desde la Región de Aysén, el mandatario respondió a los cuestionamientos de los alcaldes Ítalo Cáceres (Tomé) y Rodrigo Vera (Penco), y del gobernador Sergio Giacaman, quienes señalaron lentitud en la ayuda. Boric declaró que «no voy a entrar a pelear» con ellos, pero confirmó que su gobierno exigió al Servicio Nacional de Prevención y Respuesta ante Desastres (Senapred) «apurar el tranco» e incorporar nuevos proveedores.nLa admisión presidencial expone un problema operativo crítico para miles de familias en Tomé, Penco, Concepción, Ñuble y La Araucanía, zonas que sufrieron incendios y donde la reconstrucción se atasca. Boric atribuyó el retraso a factores como la calidad del terreno y los proveedores, pero la presión local fuerza una respuesta más ágil del Estado en medio de una crisis humanitaria. El próximo paso depende de Senapred, que ahora debe acelerar la entrega de viviendas con nuevos proveedores, mientras Boric busca coordinar con las autoridades regionales sin escalar el conflicto. El éxito de esta gestión definirá la credibilidad del gobierno en la respuesta a desastres y su capacidad para trabajar con los territorios afectados.
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