Cada 8 de marzo celebramos los avances conquistados por las mujeres en lo social y laboral, logros que nos llenan de orgullo y nos impulsan a seguir abriendo caminos. Sin embargo, aún quedan desafíos pendientes y derechos por garantizar. Para ser parte activa de estos procesos de transformación, el primer paso es conectar con nosotras mismas: habitarse. Volver a casa, escuchar el cuerpo, reconocer emociones y descubrir qué nos da sentido. Sin esa mirada interior, difícilmente alcanzamos coherencia entre lo que somos, sentimos y hacemos.
La pausa, el descanso y el silencio no son un lujo, sino condiciones vitales para vivir con liviandad, sin resistencias ni patrones sociales que nos limiten. Habitarse es dejar de estar en el piloto automático y preguntarnos si lo que hacemos refleja lo que realmente somos. Es un gesto de amor propio y coherencia, punto de partida para transformar nuestra realidad y la de quienes nos rodean.
Mirar hacia dentro no siempre es fácil: solemos evadirnos con trabajo, consumo o entretenimiento. Pero esa evasión termina generando más problemas que soluciones. Como decía Jung: “Uno no se ilumina imaginando figuras de luz, sino haciendo consciente la oscuridad”. Reconocer miedos y vulnerabilidades es el inicio de la verdadera aceptación.
Sin embargo, la sociedad premia el sacrificio y la entrega, reforzando la idea de que cuidar al otro es más valioso que cuidarse a sí misma. No se trata de abandonar responsabilidades, sino de comprender que el cuidado propio es la raíz de cualquier cuidado hacia otros. Carl Rogers lo expresó: “Cuando lo que soy coincide con lo que experimento, entonces puedo vivir con plenitud”.
Habitarse es abrir la puerta a la coherencia, donde lo que somos, sentimos y hacemos se abrazan en una danza sin contradicciones. Solo así la plenitud deja de ser una meta y se convierte en un modo de estar en el mundo. Finalmente, les comparto algunas preguntas que las invite a un diálogo interno:
- ¿Qué formas de evasión reconoces en tu día a día y qué te impiden ver de ti misma?
- ¿Qué cambiaría en tu vida si te escucharas con la misma atención con la que escuchas a otros?
- ¿Qué ganarías si dejaras de priorizar a los demás y comenzaras a responsabilizarte de ti misma?
“Solo cuando me permito mirarme y me habito, la vida se ordena en coherencia y fluye con la verdad de lo que soy.”
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